Henri RICHELET

Invitaciones a la meditación.

Estrecimientos de muerte perduran en los rostros, los cuerpos y sexos,
el paso del tiempo, las huellas de la vida : sus dibujos son los reflejos de la decadencia.
La imagen está esbozada con fuerza, en vez de afirmar sugiere,
a medio camino entre la idea y el objeto, entre la abstracción y la figuración.
Ella se extiende en lo múltiple, en una repetición de series.
De la fragmentación del tiempo surge la luz arrancada de las tinieblas.
Es la fuerza de la vida que nos da a contemplar,
como un combate necesario para acceder a la serenidad.
¿Trayecto inicial? H.Richelet se contenta de traducir por la fuerza del trazo
su diálogo íntimo con las heridas, sin pudor, sin pretención, en tres meditaciones.

El tiempo y la herencia, o la serie de retratos de familia.

En la continuidad familiar, remontando en el tiempo,
H.Richelet se apodera las fotos de generaciones precedentes.
No solamente por el fiel dibujo del retrato. La foto lleva también las huellas del tiempo.
Contra el tiempo, en una brutal reducción
H.Richelet firma con un autoretrato donde su rostro hace una mueca dolorosa.
La angustiada conciencia del hombre joven. Imagen en el espejo del tiempo.
Un juego donde la historia dialoga con el presente. El pasado es el porvenir.

El tiempo y las heridas, o la serie de cuerpos reliquias.

El Hombre y la Mujer están en un frente a frente fragmentado.
Instantáneas de la vida. Ternura. Reliquias.
Pareja con rostros desvanecidos y sin conciencia.
Los cuerpos desnudos están puestos en escena por efectos de luz y sombra
como objetos frágiles y preciosos.Sin compasión.
Imágenes que invitan a la contemplación de la vida en la ruda belleza de sus combates.
Himno a la vida de la madurez.

El tiempo coleccionado, o el cielo de la serenidad.

Cada día un cielo. Un cielo para cada día.
Reloj de luces. «Mon ciel de Lorraine».
El tiempo revisitado.El tiempo controlado. El tiempo aceptado. El tiempo coleccionado.
Sin fractura, sin ruptura, sin objeto, sin espiritualidad.

Paris,Abril 2001
Bruno Saint-Arroman

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